Cuando el mensaje es una advertencia.

Varios/Otros ~ Cuando el mensaje es una advertencia.

En la vida de mi madre, junto a sus dos hijos, su mejor amiga ha sido una bola de energía de 6 kilos en el cuerpo de una perrita border terrier llamada Corey Sue (la llamamos sólo Corey). A pesar de que viajo con frecuencia en mis giras y seminarios, hago lo máximo para llamar a mi madre por lo menos una vez a la semana para preguntar si todo está bien en su vida y contarle lo que está ocurriendo en la mía.

En 2004, un domingo en la tarde, justo antes de la gira de mi libro El código de Dios, llamé a mi madre quien compartió conmigo su preocupación respecto a Corey. No actuaba normal ni comía bien. Mi madre la había llevado al veterinario para ver si había un problema.

Durante el curso del examen, se realizaron una serie de rayos X y mostraron algo que nadie esperaba. Por alguna razón inexplicada, las placas de Corey mostraban pequeñas manchas blancas en sus pulmones, manchas que no debe rían estar ahí. “Nunca antes había visto algo así en un perro”, dijo el desconcertado veterinario. Se tomó la decisión de realizar exámenes adicionales para ver qué podrían estar indicando las manchas de Corey.

A pesar de que mi madre estaba obviamente preocupada por su perrita, mientras escuchaba su historia, me preocupé por otra razón.

Compartí el principio de la resonancia con ella y cómo nos sintonizamos con nuestro mundo, nuestros autos, nuestras casas e incluso nuestras mascotas. Le relaté un número de casos en donde se han registrado animales que asumen las condiciones médicas de sus dueños semanas e incluso meses antes de que los mismos problemas aparezcan en los cuerpos de las personas que los cuidan. Mi sensación era que algo similar le estaba ocurriendo a mi mamá.

Tras convencer a mi madre de que la vida está llena de ese tipo de mensajes, aceptó hacerse un examen médico a la semana siguiente. Aunque no estaba experimentando ningún tipo de mo lestia, y según las apariencias externas no había razón alguna para un examen, aceptó hacerse una revisión que incluyera una radiografía del pecho.

Bien, es probable que usted ya haya comprendido hacia dónde se dirige esta historia y la razón por la cual la comparto ahora. Para sorpresa de mamá, los rayos X revelaron una mancha sospechosa en su pulmón, mancha que no había aparecido en su último examen anual menos de un año antes. Después de investigaciones posteriores, mi madre descubrió que tenía un tejido cicatrizado en su pulmón derecho consecuencia de una enfermedad de la que se había curado durante su infancia, y la mancha se había vuelto cancerosa. Tres semanas después, fue operada y le removieron por completo la tercera parte inferior de su pulmón derecho.

Cuando hablé con el doctor en la sala de recuperación después de la cirugía, reiteró lo “afortunada” que mamá había sido por haber detectado su condición tan incipiente, especialmente, teniendo en cuen ta que no había síntomas delatores que la hubieran alertado de algún problema. Antes de la cirugía, se sentía bien y su vida transcurría con Corey sus hijos, y sus hermosos jardines, sin la menor pista de que algo andaba mal.

Este es un ejemplo de cómo podemos aplicar los reflejos en nuestras vidas. A raíz de que mamá y yo habíamos aprendido a leer los mensajes que la vida nos estaba mostrando en el momento y habíamos confiado en el lenguaje lo suficiente como para aplicarlo de manera práctica, esta historia tuvo un final feliz: mamá se recuperó de su cirugía. En el momento de escribir este libro, se encuentra en excelente estado y libre de cáncer por seis años.

Curiosamente, las manchas en los pulmones de Corey que nos alertaron originalmente para investigar la condición de mamá, también desaparecieron por completo después de la cirugía. Ella y mamá pasaron otros seis años juntas en buena salud, con toda la alegría que descubrían mutuamente en sus rutinas diar ias.

(Nota: Corey Sue dejó este mundo durante la edición de este libro debido a complicaciones que tuvo como consecuencia de su avanzada edad. Cuando murió, seis meses antes de cumplir sus quince años, tenía casi cien años de “edad canina” para su raza. Vivió el periodo después de sus manchas y de la cirugía de mamá en buena salud y con una chispa que brindaba alegría a todo aquel cuya vida tocaba. Como dijo mamá muchas veces: “Nadie era un extraño para Corey Sue.” Ella amaba a todo aquél que conocía y se lo hacía saber con un beso húmedo y suave que todas las personas que la conocieron extrañarán.)

Aunque puede ser imposible comprobar científicamente que la condición de Corey tenía algo que ver con lo que le ocurrió a mi madre, podemos decir que el sincronismo entre las dos experiencias es considerable. Y puesto que esto no es un incidente aislado, tenemos que decir que cuando vemos dichos sincronismos existe una correlación. Aunque no podamos comprender esa c onexión por completo en la actualidad, la verdad es que podríamos estudiarla por otros cincuenta años y todavía seguir sin entenderla en su totalidad. Lo que sí podemos hacer es aplicar lo que sabemos en nuestras vidas. Cuando lo hacemos, los eventos de cada día se convierten en un rico lenguaje que nos ayuda a comprender mejor nuestros secretos más íntimos.

Una vez más, en un mundo en donde la vida refleja nuestras creencias más profundas, puede haber pocas cosas que son verdaderamente secretas. A fin de cuentas, probablemente importa menos cómo nos llegan los giros inesperados del camino de la vida, y aun más si reconocemos o no el lenguaje que nos lo advierte.

Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.

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